CAPÍTULO 7

Isaías habla en lenguaje mesiánico—El Mesías tendrá lengua de sabios—Entregará sus espaldas al heridor—No será confundido—Compárese con Isaías 50. Aproximadamente 559—545 a.C.

1 , porque esto dice el Señor: ¿Te he repudiado yo, o te he echado de mi lado para siempre? Pues así dice el Señor: ¿Dónde está la carta de divorcio de tu madre? ¿A quién te he abandonado, o a cuál de mis acreedores te he vendido? Sí, ¿a quién te he vendido? He aquí, por vuestras maldades os habéis avendido, y por vuestras iniquidades es repudiada vuestra madre.

2 Por tanto, cuando vine, no hubo nadie; cuando allamé, nadie respondió. Oh casa de Israel, ¿se ha acortado mi mano para no redimir?, o ¿no hay en mí poder para librar? He aquí, con mi reprensión hago secar el bmar; vuelvo sus críos en desiertos, sus dpeces hieden porque las aguas se han secado, y mueren de sed.

3 Visto de aobscuridad los cielos, y de bcilicio hago su cubierta.

4 El Señor Dios me dio alengua de sabios para saber hablarte en sazón, oh casa de Israel. Cuando estás cansada, él vela de aurora a aurora; él abre mi oído para que oiga como los sabios.

5 El Señor Dios me abrió el aoído, y no fui rebelde ni me torné atrás.

6 Entregué mis espaldas al aheridor, y mis mejillas a los que arrancaban la barba. No escondí mi rostro de la humillación ni del esputo.

7 Porque el Señor Dios me ayudará, de modo que no seré confundido. Por eso he puesto mi rostro como pedernal, y sé que no seré avergonzado.

8 Y el Señor está cerca, y me justifica. ¿Quién contenderá conmigo? Presentémonos juntos. ¿Quién es mi adversario? Acérquese a mí, y yo lo heriré con la fuerza de mi boca.

9 Porque el Señor Dios me ayudará. Y todos los que me acondenen, he aquí, todos envejecerán como ropa de vestir, y la polilla se los comerá.

10 ¿Quién hay entre vosotros que teme al Señor, que obedece la avoz de su siervo, que anda en tinieblas y carece de luz?

11 He aquí, todos vosotros que encendéis fuego, que os rodeáis de centellas, andad a la luz de vuestro afuego y de las centellas que encendisteis. Esto os vendrá de mi mano: en angustia yaceréis.


CAPÍTULO 8

En los últimos días, el Señor consolará a Sión y recogerá a Israel—Los redimidos irán a Sión en medio de gran gozo—Compárese con Isaías 51 y 52:1–2. Aproximadamente 559—545 a.C.

1 OÍDME, los que seguís la rectitud. Mirad a la aroca de donde fuisteis cortados, y al hueco de la cantera de donde os sacaron.

2 Mirad a Abraham vuestro apadre, y a bSara que os dio a luz; porque lo llamé a él solo, y lo bendije.

3 Porque el Señor consolará a aSión; consolará todas sus soledades y tornará su bdesierto en Edén, y su soledad en huerto del Señor. Allí habrá alegría y gozo, alabanza y voz de melodía.

4 ¡Atiende a mi palabra, oh pueblo mío, y escúchame, nación mía!, porque de mí saldrá una aley y estableceré mi justicia para bluz del pueblo.

5 Cercana está mi justicia; salido ha mi asalvación, y mi brazo juzgará a los pueblos. En mí esperarán las bislas, y en mi brazo confiarán.

6 Alzad a los cielos vuestros ojos, y mirad la tierra abajo; porque los acielos se bdesvanecerán como humo, y la tierra se cenvejecerá como ropa de vestir; y de igual manera perecerán sus moradores. Pero mi salvación será para siempre, y mi justicia no será abrogada.

7 Oídme, los que conocéis la rectitud, pueblo en cuyo corazón he escrito mi ley: No temáis la afrenta del hombre, ni tengáis amiedo de sus ultrajes.

8 Porque como a vestidura los comerá la polilla, como a la lana los consumirá el gusano. Pero mi justicia permanecerá perpetuamente, y mi salvación de generación en generación.

9 ¡Despierta, despierta; vístete de apoder, oh brazo del Señor! Despierta como en los días antiguos. ¿No eres tú el que cortó a Rahab e hirió al dragón?

10 ¿No eres tú el que secó el mar, las aguas del gran abismo; quien tornó las profundidades del mar en camino, apara que pasaran los redimidos?

11 Por tanto, los aredimidos del Señor volverán e irán a Sión bcantando; y perpetuo gozo y santidad habrá sobre sus cabezas; alegría y regocijo alcanzarán, y huirán el dolor y el cllanto.

12 aYo soy aquél; sí, yo soy el que os consuela. He aquí, ¿quién eres tú para btemer al hombre, que es mortal, y al hijo del hombre, que será como el cheno?

13 ¿Y para aolvidar al Señor tu Hacedor, que extendió los cielos y fundó la tierra; y temer continuamente todos los días a causa del furor del opresor, como si estuviera presto para destruir? ¿Y en dónde está el furor del opresor?

14 El cautivo desterrado se da prisa para ser suelto, para que no muera en la celda, ni le falte su pan.

15 Pero yo soy el Señor tu Dios, cuyas aolas se embravecieron; el Señor de los Ejércitos es mi nombre.

16 Y en tu boca he puesto mis palabras, y con la sombra de mi mano te cubrí, para yo extender los cielos, y fundar los cimientos de la tierra, y decir a Sión: He aquí, tú eres mi apueblo.

17 ¡Despierta, despierta, levántate, oh Jerusalén, tú que has bebido de la mano del Señor el acáliz de su bfuror; que has bebido del cáliz de temor hasta las heces!

18 De todos los hijos que dio a luz, no hay quien la guíe; ni quien la tome de la mano, de todos los hijos que crió.

19 A ti han venido estos dos ahijos que te compadecerán —tu asolamiento y destrucción, y el hambre y la espada— y ¿con quién te consolaré yo?

20 Tus hijos desfallecieron con excepción de estos dos; se hallan tendidos en las encrucijadas de todas las calles; como toro salvaje en una red, llenos están del furor del Señor, de la reprensión de tu Dios.

21 Por tanto, oye esto ahora, tú, afligida y aebria, mas no de vino,

22 así dice tu Señor, el Señor y tu Dios que aaboga la causa de su pueblo: He aquí, he quitado de tu mano el cáliz de temor, las heces del cáliz de mi furor; nunca más lo volverás a beber.

23 Sino lo apondré en manos de los que te afligen, los que dijeron a tu alma: Póstrate para que pasemos por encima; y tú pusiste tu cuerpo como el suelo, y como la calle, para los que pasaran por encima.

24 ¡aDespierta, despierta, vístete de tu bpoder, oh cSión! ¡Vístete tus ropas de hermosura, oh Jerusalén, ciudad santa! Porque dnunca más vendrá a ti el incircunciso ni el inmundo.

25 ¡Sacúdete del polvo, alevántate y toma asiento, oh Jerusalén! ¡Suelta las bataduras de tu cuello, oh cautiva hija de Sión!


CAPÍTULO 9

Los judíos serán reunidos en todas sus tierras de promisión—La Expiación rescata al hombre de la Caída—Los cuerpos de los muertos saldrán de la tumba; y sus espíritus, del infierno y del paraíso—Serán juzgados—La Expiación rescata de la muerte, del infierno, del diablo y del tormento sin fin—Los justos serán salvos en el reino de Dios—Se exponen las consecuencias del pecado—El Santo de Israel es el guardián de la puerta. Aproximadamente 559—545 a.C.

1 Ahora bien, amados hermanos míos, he leído estas cosas para que sepáis de los aconvenios del Señor que ha concertado con toda la casa de Israel,

2 que él ha declarado a los judíos por boca de sus santos profetas, aun desde el principio, de generación en generación, hasta que llegue la época en que sean arestaurados a la verdadera iglesia y redil de Dios, cuando sean breunidos en las ctierras de su herencia, y sean establecidos en todas sus tierras de promisión.

3 He aquí, mis amados hermanos, os hablo estas cosas para que os regocijéis y alevantéis vuestras cabezas para siempre, a causa de las bendiciones que el Señor Dios conferirá a vuestros hijos.

4 Porque sé que habéis escudriñado mucho, un gran número de vosotros, para saber acerca de cosas futuras; por tanto, yo sé que vosotros sabéis que nuestra carne tiene que perecer y morir; no obstante, en nuestro acuerpo veremos a Dios.

5 Sí, yo sé que sabéis que él se manifestará en la carne a los de Jerusalén, de donde vinimos, porque es propio que sea entre ellos; pues conviene que el gran aCreador se deje someter al hombre en la carne y muera por btodos los hombres, a fin de que todos los hombres queden sujetos a él.

6 Porque así como la muerte ha pasado sobre todos los hombres, para cumplir el misericordioso adesignio del gran Creador, también es menester que haya un poder de bresurrección, y la resurrección debe venir al hombre por motivo de la ccaída; y la caída vino a causa de la transgresión; y por haber caído el hombre, fue ddesterrado de la presencia del Señor.

7 Por tanto, es preciso que sea una aexpiación binfinita, pues a menos que fuera una expiación infinita, esta corrupción no podría revestirse de incorrupción. De modo que el cprimer juicio que vino sobre el hombre habría tenido que dpermanecer infinitamente. Y siendo así, esta carne tendría que descender para pudrirse y desmenuzarse en su madre tierra, para no levantarse jamás.

8 ¡Oh, la asabiduría de Dios, su bmisericordia y cgracia! Porque he aquí, si la dcarne no se levantara más, nuestros espíritus tendrían que estar sujetos a ese ángel que ecayó de la presencia del Dios Eterno, y se convirtió en el fdiablo, para no levantarse más.

9 Y nuestros espíritus habrían llegado a ser como él, y nosotros seríamos diablos, aángeles de un diablo, para ser bseparados de la presencia de nuestro Dios y permanecer con el padre de las cmentiras, en la miseria como él; sí, iguales a ese ser que dengañó a nuestros primeros padres, quien se etransforma casi en fángel de luz, e incita a los hijos de los hombres a combinaciones gsecretas de asesinato y a toda especie de obras secretas de tinieblas.

10 ¡Oh cuán grande es la bondad de nuestro Dios, que prepara un medio para que escapemos de las garras de este terrible monstruo; sí, ese monstruo, amuerte e binfierno, que llamo la muerte del cuerpo, y también la muerte del espíritu!

11 Y a causa del medio de aredención de nuestro Dios, el Santo de Israel, esta bmuerte de la cual he hablado, que es la temporal, entregará sus muertos; y esta muerte es la tumba.

12 Y esta amuerte de que he hablado, que es la muerte espiritual, entregará sus muertos; y esta muerte espiritual es el binfierno. De modo que la muerte y el infierno han de entregar sus muertos, y el infierno ha de entregar sus espíritus cautivos, y la tumba sus cuerpos cautivos, y los cuerpos y los cespíritus de los hombres serán drestaurados los unos a los otros; y es por el poder de la resurrección del Santo de Israel.

13 ¡Oh cuán grande es el aplan de nuestro Dios! Porque por otra parte, el bparaíso de Dios ha de entregar los espíritus de los justos, y la tumba los cuerpos de los justos; y el espíritu y el cuerpo son crestaurados de nuevo el uno al otro, y todos los hombres se tornan incorruptibles e dinmortales; y son almas vivientes, teniendo un econocimiento fperfecto semejante a nosotros en la carne, salvo que nuestro conocimiento será perfecto.

14 Por lo que tendremos un aconocimiento perfecto de toda nuestra bculpa, y nuestra impureza, y nuestra cdesnudez; y los djustos, hallándose evestidos de fpureza, sí, con el gmanto de rectitud, tendrán un conocimiento perfecto de su gozo y de su rectitud.

15 Y acontecerá que cuando todos los hombres hayan pasado de esta primera muerte a vida, de modo que hayan llegado a ser inmortales, deben comparecer ante el atribunal del Santo de Israel; y entonces viene el bjuicio, y luego deben ser juzgados según el santo juicio de Dios.

16 Y tan cierto como vive el Señor, porque el Señor Dios lo ha dicho, y es su apalabra eterna que no puede bdejar de ser, aquellos que son justos serán justos todavía, y los que son cinmundos serán dinmundos todavía; por lo tanto, los inmundos son el ediablo y sus ángeles; e irán al ffuego eterno, preparado para ellos; y su tormento es como un glago de fuego y azufre, cuya llama asciende para siempre jamás, y no tiene fin.

17 ¡Oh, la grandeza y la ajusticia de nuestro Dios! Porque él ejecuta todas sus palabras, y han salido de su boca, y su ley se debe cumplir.

18 Mas he aquí, los justos, los asantos del Santo de Israel, aquellos que han creído en el Santo de Israel, quienes han soportado las bcruces del mundo y menospreciado la vergüenza de ello, éstos cheredarán el dreino de Dios que fue preparado para ellos edesde la fundación del mundo, y su gozo será completo para fsiempre.

19 ¡Oh, la grandeza de la misericordia de nuestro Dios, el Santo de Israel! Pues él alibra a sus santos de ese bterrible monstruo, el diablo y muerte e cinfierno, y de ese lago de fuego y azufre, que es tormento sin fin.

20 ¡Oh, cuán grande es la asantidad de nuestro Dios! Pues él bsabe todas las cosas, y no existe nada sin que él lo sepa.

21 Y viene al mundo para asalvar a todos los hombres, si éstos escuchan su voz; porque he aquí, él sufre los dolores de todos los hombres, sí, los bdolores de toda criatura viviente, tanto hombres como mujeres y niños, que pertenecen a la familia de cAdán.

22 Y sufre esto a fin de que la resurrección llegue a todos los hombres, para que todos comparezcan ante él en el gran día del juicio.

23 Y él manda a todos los hombres que se aarrepientan y se bbauticen en su nombre, teniendo perfecta fe en el Santo de Israel, o no pueden ser salvos en el reino de Dios.

24 Y si no se arrepienten, ni creen en su anombre, ni se bautizan en su nombre, ni bperseveran hasta el fin, deben ser ccondenados; pues el Señor Dios, el Santo de Israel, lo ha dicho.

25 Por tanto, él ha dado una aley; y donde bno se ha dado ninguna ley, no hay castigo; y donde no hay castigo, no hay condenación; y donde no hay condenación, las misericordias del Santo de Israel tienen derecho a reclamarlos por motivo de la expiación; porque son librados por el poder de él.

26 Porque la aexpiación satisface lo que su bjusticia demanda de todos aquellos a quienes cno se ha dado la dley, por lo que son librados de ese terrible monstruo, muerte e infierno, y del diablo, y del lago de fuego y azufre, que es tormento sin fin; y son restaurados a ese Dios que les dio ealiento, el cual es el Santo de Israel.

27 ¡Pero ay de aquel a quien la aley es dada; sí, que tiene todos los mandamientos de Dios, como nosotros, y que los quebranta, y malgasta los días de su probación, porque su estado es terrible!

28 ¡Oh ese sutil aplan del maligno! ¡Oh las bvanidades, y las flaquezas, y las necedades de los hombres! Cuando son cinstruidos se creen dsabios, y no escuchan el econsejo de Dios, porque lo menosprecian, suponiendo que saben por sí mismos; por tanto, su sabiduría es locura, y de nada les sirve; y perecerán.

29 Pero bueno es ser instruido, si ahacen caso de los bconsejos de Dios.

30 Mas ¡ay de los aricos, aquellos que son ricos según las cosas del mundo! Pues porque son ricos desprecian a los bpobres, y persiguen a los mansos, y sus corazones están en sus tesoros; por tanto, su tesoro es su dios. Y he aquí, su tesoro perecerá con ellos también.

31 ¡Ay de los sordos que no quieren aoír!, porque perecerán.

32 ¡Ay de los ciegos que no quieren ver!, porque perecerán también.

33 ¡Ay de los incircuncisos de corazón!, porque el conocimiento de sus iniquidades los herirá en el postrer día.

34 ¡Ay del aembustero!, porque será arrojado al binfierno.

35 ¡Ay del asesino que amata intencionalmente!, porque bmorirá.

36 ¡Ay de los que cometen afornicaciones!, porque serán arrojados al infierno.

37 Sí, ¡ay de aquellos que aadoran ídolos!, porque el diablo de todos los diablos se deleita en ellos.

38 Y en fin, ¡ay de todos aquellos que mueren en sus pecados!, porque avolverán a Dios, y verán su rostro y quedarán en sus pecados.

39 ¡Oh, mis amados hermanos, recordad la horridez de transgredir contra ese Dios Santo, y también lo horrendo que es sucumbir a las seducciones de ese aastuto ser! Tened presente que ser de bánimo carnal es cmuerte, y ser de ánimo espiritual es dvida eeterna.

40 ¡Oh, amados hermanos míos, escuchad mis palabras! Recordad la grandeza del Santo de Israel. No digáis que he hablado cosas duras contra vosotros, porque si lo hacéis, ultrajáis la averdad; pues he hablado las palabras de vuestro Hacedor. Sé que las palabras de verdad son bduras contra toda impureza; mas los justos no las temen, porque aman la verdad y son constantes.

41 Así pues, amados hermanos míos, avenid al Señor, el Santo. Recordad que sus sendas son justas. He aquí, la bvía para el hombre es cangosta, mas se halla en línea recta ante él; y el guardián de la dpuerta es el Santo de Israel; y allí él no emplea ningún sirviente, y no hay otra entrada sino por la puerta; porque él no puede ser engañado, pues su nombre es el Señor Dios.

42 Y al que llamare, él abrirá; y los asabios, y los instruidos, y los que son ricos, que se binflan a causa de su conocimiento y su sabiduría y sus riquezas, sí, éstos son los que él desprecia; y a menos que desechen estas cosas, y se consideren cinsensatos ante Dios y desciendan a las profundidades de la dhumildad, él no les abrirá.

43 Mas las cosas del sabio y del prudente les serán aencubiertas para siempre; sí, esa felicidad que está preparada para los santos.

44 ¡Oh, mis queridos hermanos, recordad mis palabras! He aquí, me quito mis vestidos y los sacudo ante vosotros; ruego al Dios de mi salvación que me mire con su ojo que atodo lo escudriña; por tanto, sabréis, en el postrer día, cuando todos los hombres sean juzgados según sus obras, que el Dios de Israel vio que bsacudí vuestras iniquidades de mi alma, y que me presento con tersura ante él, y estoy climpio de vuestra sangre.

45 ¡Oh, mis queridos hermanos, apartaos de vuestros pecados! Sacudid de vosotros las acadenas de aquel que quiere ataros fuertemente; venid a aquel Dios que es la broca de vuestra salvación.

46 Preparad vuestras almas para ese día glorioso en que se administrará ajusticia al justo; sí, el día del bjuicio, a fin de que no os encojáis de miedo espantoso; para que no recordéis vuestra horrorosa cculpa con claridad, y os sintáis constreñidos a exclamar: ¡Santos, santos son tus juicios, oh Señor Dios dTodopoderoso; mas reconozco mi culpa; violé tu ley, y mías son mis transgresiones; y el diablo me ha atrapado, por lo que soy presa de su terrible miseria!

47 Mas he aquí, mis hermanos, ¿conviene que yo os despierte a la terrible realidad de estas cosas? ¿Atormentaría yo vuestras almas si vuestras mentes fueran puras? ¿Sería yo franco con vosotros, según la claridad de la verdad, si os hallaseis libres del pecado?

48 He aquí, si fueseis santos, os hablaría de cosas santas; pero como no sois santos, y me consideráis como maestro, es menester que os aenseñe las consecuencias del bpecado.

49 He aquí, mi alma aborrece el pecado, y mi corazón se deleita en la rectitud; y aalabaré el santo nombre de mi Dios.

50 Venid, hermanos míos, todos los que tengáis sed, venid a las aaguas; y venga aquel que no tiene dinero, y compre y coma; sí, venid y comprad vino y leche, sin bdinero y sin precio.

51 Por lo tanto, no gastéis dinero en lo que no tiene valor, ni vuestro atrabajo en lo que no puede satisfacer. Escuchadme diligentemente, y recordad las palabras que he hablado; y venid al Santo de Israel y bsaciaos de lo que no perece ni se puede corromper, y deléitese vuestra alma en la plenitud.

52 He aquí, amados hermanos míos, recordad las palabras de vuestro Dios; orad a él continuamente durante el día, y dad agracias a su santo nombre en la noche. Alégrese vuestro corazón.

53 Y considerad cuán grandes son los aconvenios del Señor, y cuán grandes sus condescendencias para con los hijos de los hombres; y a causa de su grandeza, y su gracia y bmisericordia, nos ha prometido que los de nuestra posteridad no serán completamente destruidos, según la carne, sino que los preservará; y en generaciones futuras llegarán a ser una crama justa de la casa de Israel.

54 Y ahora bien, mis hermanos, quisiera hablaros más; pero mañana os declararé el resto de mis palabras. Amén.

CAPÍTULO 10

Los judíos crucificarán a su Dios—Serán dispersados hasta que empiecen a creer en Él—América será una tierra de libertad donde ningún rey gobernará—Reconciliaos con Dios y lograd la salvación por medio de su gracia. Aproximadamente 559—545 a.C.

1 Y ahora bien, yo, Jacob, os hablo otra vez, amados hermanos míos, concerniente a esta arama justa de la cual he hablado.

2 Pues he aquí, las apromesas que hemos logrado son promesas para nosotros según la carne; por tanto, así como se me ha manifestado que muchos de nuestros hijos perecerán en la carne a causa de la incredulidad, Dios, sin embargo, tendrá misericordia de muchos; y nuestros hijos serán restaurados para que obtengan aquello que les dará el verdadero conocimiento de su Redentor.

3 Por tanto, como os dije, debe ser menester que Cristo —pues anoche me dijo el aángel que ése sería su nombre— bvenga entre los judíos, entre aquellos que son de los más inicuos del mundo; y ellos lo ccrucificarán. Porque así conviene a nuestro Dios, y no hay ninguna otra nación sobre la tierra que dcrucificaría a su eDios.

4 Porque si se efectuasen entre otras naciones los grandes amilagros, se arrepentirían y sabrían que él es su Dios.

5 Mas a causa de asupercherías sacerdotales e iniquidades, los de Jerusalén endurecerán su cerviz contra él, para que sea crucificado.

6 Así que, por motivo de sus iniquidades, vendrán sobre ellos destrucciones, hambres, pestes y efusión de sangre; y los que no sean destruidos serán adispersados entre todas las naciones.

7 Pero he aquí, así dice el aSeñor Dios: bCuando llegue el día en que crean en mí, que yo soy Cristo, he hecho convenio con sus padres que entonces serán restaurados en la carne, sobre la tierra, a las tierras de su herencia.

8 Y acontecerá que serán acongregados de su larga dispersión, desde las bislas del mar y desde las cuatro partes de la tierra; y serán grandes a mis ojos las naciones de los gentiles, dice Dios, en llevarlos a las tierras de su herencia.

9 a, los reyes de los gentiles les serán por ayos, y sus reinas por nodrizas; por tanto, grandes son las bpromesas del Señor a los gentiles, porque él lo ha dicho, y ¿quién puede disputarlo?

10 Mas he aquí, esta tierra, dice Dios, será la tierra de tu herencia, y los agentiles serán bendecidos sobre la tierra.

11 Y esta tierra será una tierra de alibertad para los gentiles; y no habrá breyes sobre la tierra que se levanten sobre los gentiles.

12 Y fortificaré esta tierra contra todas las otras naciones.

13 Y el que acombata contra Sión bperecerá, dice Dios.

14 Porque quien levante rey contra mí, perecerá; pues yo, el Señor, el arey de los cielos, seré su rey, y eternamente seré una bluz para aquellos que oigan mis palabras.

15 Por lo tanto, por esta causa, a fin de que se cumplan mis aconvenios que he concertado con los hijos de los hombres, que realizaré para ellos mientras estén en la carne, he de destruir las obras bsecretas de ctinieblas, y de asesinatos, y de abominaciones.

16 De modo que quien pugne contra aSión, tanto judío como gentil, esclavo como libre, varón como mujer, perecerá; pues son bellos los que constituyen la ramera de toda la tierra; porque caquellos que dno son conmigo, econtra mí son, dice nuestro Dios.

17 Porque acumpliré mis promesas que he hecho a los hijos de los hombres, que realizaré para ellos mientras estén en la carne.

18 Por consiguiente, mis amados hermanos, así dice nuestro Dios: Afligiré a tu posteridad por mano de los agentiles; no obstante, ablandaré el corazón de los gentiles para que les sean como un padre; por tanto, los gentiles serán bbendecidos y ccontados entre los de la casa de Israel.

19 Por tanto, aconsagraré esta tierra a tu posteridad, y a aquellos que sean contados entre los de tu posteridad, como la tierra de su herencia, para siempre; porque es una tierra escogida, me dice el Señor, sobre todas las otras tierras; por tanto, es mi voluntad que me adoren todos los hombres que en ella moren, dice Dios.

20 Ahora bien, amados hermanos míos, en vista de que nuestro clemente Dios nos ha dado tan gran conocimiento acerca de estas cosas, acordémonos de él, y dejemos a un lado nuestros pecados, y no inclinemos la cabeza, porque no somos desechados; sin embargo, hemos sido aexpulsados de la tierra de nuestra herencia; pero se nos ha guiado a una btierra mejor, pues el Señor ha hecho del mar nuestro ccamino, y nos hallamos en una disla del mar.

21 Pero grandes son las promesas del Señor para los que se hallan en las aislas del mar; por tanto, ya que dice islas, debe haber más que ésta, y también las habitan nuestros hermanos.

22 Porque he aquí, el Señor Dios ha allevado a algunos de la casa de Israel, de cuando en cuando, según su voluntad y placer. Y ahora bien, he aquí, el Señor se acuerda de todos los que han sido dispersados; por tanto, se acuerda de nosotros también.

23 Anímense, pues, vuestros corazones, y recordad que sois alibres para bobrar por vosotros mismos, para cescoger la vía de la muerte interminable, o la vía de la vida eterna.

24 Por tanto, mis amados hermanos, reconciliaos con la voluntad de Dios, y no con la voluntad del diablo y la carne; y recordad, después de haberos reconciliado con Dios, que tan sólo en la agracia de Dios, y por ella, sois bsalvos.

25 Así pues, Dios os levante de la muerte por el poder de la resurrección, y también de la muerte eterna por el poder de la aexpiación, a fin de que seáis recibidos en el reino eterno de Dios, para que lo alabéis por medio de la divina gracia. Amén.


CAPÍTULO 11

Jacob vio a su Redentor—La ley de Moisés simboliza a Cristo y prueba que Él vendrá. Aproximadamente 559—545 a.C.

1 Ahora bien, aJacob habló muchas otras cosas a mi pueblo en esa ocasión; sin embargo, solamente he hecho bescribir estas cosas, porque lo que he escrito me basta.

2 Y ahora yo, Nefi, escribo más de las palabras de aIsaías, porque mi alma se deleita en sus palabras. Porque aplicaré sus palabras a mi pueblo, y las enviaré a todos mis hijos, pues él verdaderamente vio a mi bRedentor, tal como yo lo he visto.

3 Y mi hermano Jacob también lo aha visto como lo he visto yo; por tanto, transmitiré las palabras de ellos a mis hijos, para probarles que mis palabras son verdaderas. Por tanto, ha dicho Dios, por las palabras de btres estableceré mi palabra. No obstante, Dios envía más testigos y confirma todas sus palabras.

4 He aquí, mi alma se deleita en acomprobar a mi pueblo la verdad de la bvenida de Cristo; porque con este fin se ha dado la cley de Moisés; y todas las cosas que han sido dadas por Dios al hombre, desde el principio del mundo, son símbolo de él.

5 Y mi alma también se deleita en los aconvenios que el Señor ha hecho a nuestros antepasados; sí, mi alma se deleita en su gracia, y en su justicia, y poder, y misericordia en el gran y eterno plan de redención de la muerte.

6 Y mi alma se deleita en comprobar a mi pueblo que asalvo que Cristo venga, todos los hombres deben perecer.

7 Porque si ano hay Cristo, no hay Dios; y si Dios no existe, nosotros no existimos, porque no habría habido bcreación. Mas hay un Dios, y es Cristo; y él viene en la plenitud de su propio tiempo.

8 Y ahora escribo algunas de las palabras de Isaías, para que aquellos de mi pueblo que vean estas palabras eleven sus corazones y se regocijen por todos los hombres. Ahora bien, éstas son las palabras, y podéis aplicároslas a vosotros y a todos los hombres.


CAPÍTULO 12

Isaías ve el templo de los postreros días, el recogimiento de Israel, el juicio y la paz milenarios—Los altivos y los inicuos serán humillados a la Segunda Venida—Compárese con Isaías 2. Aproximadamente 559—545 a.C.

1 Lo que avio bIsaías, hijo de Amoz, concerniente a Judá y Jerusalén:

2 Y acontecerá en los postreros días, que el amonte de la bcasa del Señor será establecido como cabeza de los cmontes, y será exaltado sobre los collados, y todas las naciones correrán hacia él.

3 Y vendrán muchos pueblos y dirán: Venid, y subamos al monte del Señor, a la casa del Dios de Jacob; y nos enseñará acerca de sus caminos, y acaminaremos por sus sendas; porque de Sión saldrá la bley, y de Jerusalén la palabra del Señor.

4 Y ajuzgará entre las naciones, y reprenderá a muchos pueblos; y forjarán sus espadas en rejas de arado, y sus lanzas en hoces. No alzará espada nación contra nación, ni se adiestrarán más para la guerra.

5 Venid, oh casa de Jacob, y caminemos a la luz del Señor; sí, venid, porque todos os habéis adescarriado, cada cual por sus sendas de maldad.

6 Por lo que tú, oh Señor, has desamparado a tu pueblo, la casa de Jacob, porque allenos están de los modos de oriente, y escuchan a los agoreros como los bfilisteos, y con los hijos de extranjeros se cenlazan.

7 Su tierra también está llena de plata y oro, sus tesoros no tienen fin; también su tierra está llena de caballos, y sus carros son sin número.

8 Su tierra también está llena de aídolos; adoran la obra de sus propias manos, aquello que han hecho sus mismos dedos.

9 Y el hombre vil ano se inclina, ni el grande se humilla; por tanto, no lo perdones.

10 ¡Oh malvados, meteos en la peña y aescondeos en el polvo! Porque el temor del Señor y la gloria de su majestad os herirán.

11 Y sucederá que la mirada altiva del hombre será abatida, y la soberbia de los hombres será humillada, y sólo el Señor será exaltado en aquel día.

12 Porque el adía del Señor de los Ejércitos pronto vendrá sobre todas las naciones, sí, sobre cada una; sí, sobre el borgulloso y soberbio, y sobre todo el que se ensalza; y serán abatidos.

13 Sí, y el día del Señor vendrá sobre todos los cedros del Líbano, porque son altos y erguidos; y sobre todas las encinas de Basán;

14 y sobre todos los montes altos, y sobre todos los collados; y sobre todas las naciones que se ensalcen, y sobre todo pueblo;

15 y sobre toda torre alta, y sobre todo muro reforzado;

16 y sobre todos los barcos del amar, y sobre toda nave de Tarsis, y sobre todos los panoramas agradables.

17 Y la altivez del hombre será abatida, humillada será la soberbia de los hombres; y sólo el Señor será ensalzado en aaquel día.

18 Y quitará por completo los ídolos.

19 Y los hombres se meterán en las cavernas de las rocas y en las cuevas de la tierra, porque el temor del Señor caerá sobre ellos y la gloria de su majestad los herirá, cuando se levante para estremecer la tierra terriblemente.

20 En aquel día aarrojará el hombre a los topos y murciélagos sus ídolos de plata y sus ídolos de oro que se ha hecho para adorarlos;

21 para meterse en las hendiduras de las rocas y en las cavernas de los peñascos, porque el temor del Señor vendrá sobre ellos, y los herirá la majestad de su gloria, cuando se levante para estremecer la tierra terriblemente.

22 Dejaos del ahombre, cuyo aliento está en su nariz; pues, ¿en qué debe ser estimado?


CAPÍTULO 13

Judá y Jerusalén serán castigadas por su desobediencia—El Señor litiga con su pueblo y lo juzga—Las hijas de Sión son maldecidas y atormentadas por sus costumbres mundanas—Compárese con Isaías 3. Aproximadamente 559—545 a.C.

1 Porque he aquí que el Señor, el Señor de los Ejércitos, quita de Jerusalén y de Judá el apoyo y el sostén; todo sustento de pan, y todo socorro de agua;

2 el valiente y el hombre de guerra, el juez y el profeta, el prudente y el anciano;

3 el capitán de cincuenta, y el hombre respetable, y el consejero, y el artífice diestro, y el hábil orador.

4 Y niños les pondré por príncipes, y niños pequeños serán sus gobernantes.

5 Y el pueblo se hará violencia unos a otros, y cada cual contra su prójimo. El niño se portará altivamente con el anciano, y el villano contra el noble.

6 Cuando el hombre tomare a su hermano, de la familia de su padre, y le dijere: Tú tienes manto, sé tú nuestro gobernante, y no sea esta aruina bajo tu mano,

7 éste jurará en aquel día, diciendo: No seré el asanador, pues en mi casa no hay ni pan ni qué vestir; no me hagáis gobernante del pueblo.

8 Pues aarruinada está Jerusalén, y bJudá caída; porque sus lenguas y sus obras han sido contra el Señor para provocar los ojos de su gloria.

9 La apariencia de sus rostros testifica en contra de ellos, y publica que su pecado es como el de aSodoma, y no lo pueden ocultar. ¡Ay de sus almas!, porque han allegado el mal para sí mismos.

10 Decid a los justos que a ellos les irá abien, porque comerán del fruto de sus obras.

11 ¡Ay de los impíos!, porque perecerán; pues el pago de sus manos vendrá sobre ellos.

12 Los opresores de mi pueblo son niños, y mujeres lo gobiernan. ¡Oh pueblo mío, los que te aguían te hacen errar, y pervierten el curso de tus sendas!

13 El Señor se levanta para alitigar, se pone en pie para juzgar al pueblo.

14 Vendrá el Señor a juicio contra los ancianos de su pueblo y contra sus apríncipes; porque habéis bdevorado la cviña y el ddespojo del epobre en vuestras casas.

15 ¿Qué pretendéis? Majáis a mi pueblo, y moléis las caras de los pobres, dice el Señor Dios de los Ejércitos.

16 Dice además el Señor: Por cuanto las hijas de Sión son altivas, y andan con cuello erguido y ojos desvergonzados, y caminan como si abailaran, y producen tintineo con los pies;

17 herirá, pues, el Señor la mollera de las hijas de Sión con sarna, y adescubrirá su desnudez.

18 En aquel día quitará el Señor la ostentación de sus ajorcas, y aredecillas, y blunetas;

19 los collares, y los brazaletes, y los arebociños;

20 las cofias, los adornos de las piernas, los tocados, los pomitos de olor y los zarcillos;

21 los anillos, y los joyeles para la nariz;

22 las amudas de ropa de gala, y los mantos, y las tocas, y las bolsas;

23 los aespejos, y los linos finos, y los rebozos, y los velos.

24 Y sucederá que en lugar de perfumes, habrá hediondez; y asoga en lugar de cinturón; y en lugar de cabellos peinados, calvicie; y en lugar de mantos, cilicio; y bquemadura en lugar de hermosura.

25 Tus varones caerán a espada, y tus fuertes en la batalla.

26 Y sus puertas se lamentarán y enlutarán, y ella, desolada, se sentará en tierra.